[UVA] Pedro Pérez »Hay que empezar a juzgar a los políticos por su capacidad para generar riqueza».

[UVA] Pedro Pérez »Hay que empezar a juzgar a los políticos por su capacidad para generar riqueza».

Este economista vinculado a varios gobiernos nacionales ha sido el encargado de abrir la Universidad de Verano de Adeje 2013

ADEJE.- En opinión del economista Pedro Pérez Fernández, uno de los aprendizajes que debe extraer la sociedad de la actual crisis económica es el de saber evaluar a su clase política por su capacidad para generar recursos, y no tanto por su habilidad para distribuirlos. En ese sentido, puso como ejemplo la labor realizada por el alcalde de la Villa de Adeje, José Miguel Rodríguez Fraga, de quien afirmó que es uno de esos dirigentes «que saben crear riqueza, y por eso luego la distribuyen con gran mesura».

Pérez ha sido el ponente inaugural de la Universidad de Verano de Adeje 2013, en cuya solemne inauguración estuvieron presentes, por una parte, el rector de la Universidad de La Laguna, Eduardo Doménech Martínez, acompañado por los vicerrectores que componen su equipo de gobierno, y por otra el ya mencionado alcalde de Adeje, secundado por los concejales de su consistorio.

Rodríguez Fraga abrió el acto indicando que se trataba de una ceremonia de bienvenida, pero también de compromiso por mantener la programación de seminarios estivales a pesar de las adversidades de todo tipo. El alcalde defendió la apuesta por el conocimiento, ya que la formación redunda en la mejora de los servicios que se presta en el sector turístico, en el cual el municipio sigue siendo un líder nacional. También celebró el reciente nombramiento, por parte del Ministerio de Economía y Competitividad, de Adeje como «Ciudad de la Ciencia y el Conocimiento».

El rector de la ULL también alabó la «tenacidad y liderazgo» del alcalde por su empeño en convertir el municipio en sede académica. En un periodo en el que se «está poniendo en duda lo público», Doménech abogó por una mayor colaboración entre las instituciones: «tenemos que apoyarnos, establecer sinergias y transitar por nuevos senderos en la búsqueda de una mayor eficiencia, pero, eso sí, sin perder de vista nuestra vocación de servicio a la sociedad» porque la ciudadanía «se construye con el conocimiento».

Conferencia inaugural

Pedro Pérez Fernández es economista del estado y, entre 1979 y 1993, desempeñó sucesivamente los cargos de secretario general técnico del Ministerio de Economía, director general de Planificación, director general de Política Económica, secretario general de Economía y Planificación, secretario general de Comercio y, desde 1988 a 1993, secretario de Estado de Economía. Simultáneamente con algunos de esos cargos, ha sido presidente de la Junta Superior de Precios, presidente del Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX), presidente de Tabacalera y presidente del Consejo Superior Bancario. En 1984 fue elegido Director Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional.

En su conferencia inaugural, titulada “La política económica frente a la crisis: cuánto del fracaso corresponde a la política y cuánto a la teoría económica”, el economista reflexionó, desde la autoridad que le confiere su experiencia, sobre la actualidad coyuntura de recesión.

Para el especialista no resulta difícil dar con la combinación de medidas que se deberían adoptar para combatir las circunstancias económicas que se vivan en cada momento. Lo auténticamente difícil, pues, «es recabar las voluntades para aplicar ese programa y para mantener su desarrollo».

Reflexionó que el mensaje que toca transmitir a los economistas a la sociedad no es atractivo: a su juicio, en eso se nota que los creadores de esta disciplina eran calvinistas, y por ello esa severidad de base se mantiene. Muchas recetas son, por tanto, poco edificantes, pero muchas veces necesarias, y por ello «la brecha entre lo que el economista propone y lo que la sociedad asume debe ser cubierta desde la política».

La economía está llena de mitos y lugares comunes tristemente extendidos: ni la situación económica de Alemania se debe a la laboriosidad de sus habitantes, ni la de España al afán improvisador de los nacionales. Es la presencia de instituciones internas que garanticen, en todo momento, el crecimiento y su correcta distribución, la que determina la prosperidad de cada estado.

El fracaso de los países viene, pues, cuando esos órganos se anquilosan y yerran en sus funciones. Tampoco ayuda que la política siempre trate de controlarlos y, por ello, frenen en muchas ocasiones su eficacia.

El ponente señaló lo que considera que suele ser los tres errores de la política económica, que se han dado en España dese 2007: no llevar a la práctica,, o no aplicar a tiempo las medidas que son necesarias; eliminar esas medidas antes de que se hayan empezado a surtir efecto; y no buscar el consenso de la sociedad.

Como ejemplo de eficacia en la actuación, recordó que EE.UU., país en el que se inició la crisis, el gobierno conservador de Bush no dudó en aplicar medidas «keynesianas» que iban en contra de su ideario conservador y, en estos momentos, ha logrado salir oficialmente de su recesión. En cambio, en países como España, en los que las circunstancias de partida eran mejores, aun se sigue en plena crisis. A juicio del ponente, eso se explica, precisamente, a la debilidad institucional a la que se refirió anteriormente.

Señaló el excedente de ahorro de China y Alemania como una de las causas de la coyuntura actual. Ese remanente financiero «cayó como maná» en varios países, incluidos España, creando una «burbuja crediticia» que, además, fomentó la burbuja inmobiliaria. Recordó que el actual presidente de la Reserva Federal de EE.UU, Ben Bernake, en 2005 ya advertía de los peligros de esta situación.

La génesis de la crisis, por tanto, no fue tanto el nivel de gasto público o la perdida de competitividad, como las consecuencias de esos factores financieros que se cebaron sobre los sectores inmobiliarios y el Gobierno no supo afrontar con diligencia en 2007. Así fue como el sector inmobiliario acabó afectando al bancaro y éste, a su vez, al resto de la sociedad.

A la hora de solicitar soluciones, Pérez cree que convendría pedir responsabilidades de manera igualitaria. Y en Europa eso significaría mirar a Alemania, país que si hubiera aceptado desde hace tiempo la organización de un sistema bancario comunitario realmente integrado, habría propiciado una solución mucho más rápida. Pero se carece de unas instituciones europeas que funcionen correctamente. Por tanto, este es otro ejemplo de la necesidad de contar con un sistema armónico que funcione sin injerencias.

Pero el problema no es sólo que Alemania «esté escurriendo el bulto». España no puede exigir responsabilidades sin hacer autocrítica, y reconocer que se ha faltado a la eficiente asignación de recursos. Por ejemplo, a partir de los años 90 del siglo pasado se extendió la idea de que al lado de cada autovía de peaje había que crear otra gratuita de similares prestaciones.

Como se explicó mal esta política, al ciudadano le pareció correcto, sin reparar en que ambas infraestructuras son realmente de pago: una, la privada se abona con cada uso, y otro, la pública, la pagan todos los ciudadanos co sus impuestos, se use o no se use. ¿Es eso racional?, se preguntó el ponente.

Puso como otros ejemplos de ineficacia la extensa red de tren de alta velocidad existente en España, la segunda en el mundo tras China. «Ningún tren del AV cubre costes con sus ingresos. O dicho de otro modo: cada vez que uno de ellos circula, pierde dinero. Recordó que otros países con más tecnología y un terreno más llano y favorable han apostado menos por este transporte, precisamente por su carestía.

Y recordó más desmanes: aeropuertos que no tienen pasajeros, o que no tienen los suficientes. O la construcción de puertos que no van a cubrir gastos, como el de La Coruña. Y por culpa de esos excesos, se ha tenido que recortar en lo que si es importante: la educación, la sanidad y las pensiones.

El conferenciante abogó como conclusión por una mayor implicación de la ciudadanía, para que impulse a los políticos por la buena senda castigando a los que no cumplen y refrendando a quienes lo hacen. Porque de lo contrario, sin esa participación colectiva, se cumplirá lo que ya postulaba Edmund Burke en el siglo XVIII: «Lo único que se necesita para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada».

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